Por primera vez, Mark Zuckerberg declaró ante un tribunal en Los Ángeles en el marco de una ola de demandas contra las grandes plataformas digitales por su presunto papel en la adicción de menores. El caso que abrió el proceso es el de una joven que desarrolló ansiedad, depresión y dependencia extrema tras años de uso intensivo de redes sociales.
La comparecencia marca un hito: aunque el fundador de Facebook ya había testificado ante el Congreso de EE. UU., nunca antes lo había hecho en un juicio civil. Las demandas —más de 1.500 en preparación— buscan responsabilizar económicamente a empresas como Meta y Google por diseñar plataformas supuestamente orientadas a maximizar el tiempo de uso mediante algoritmos, reproducción automática, filtros y sistemas de recomendación altamente personalizados.
La defensa: responsabilidad del usuario y control parental
Zuckerberg sostuvo que Instagram prohíbe el acceso a menores de 13 años y atribuyó el problema a que muchos usuarios falsifican su edad para registrarse. Según su postura, la empresa establece reglas claras y no puede evitar que se incumplan deliberadamente.
También negó que los adolescentes sean el objetivo principal del modelo de negocio y aseguró que la compañía ha implementado cambios de seguridad en los últimos años. En la misma línea, el jefe de Instagram, Adam Mosseri, reconoció que puede existir “uso problemático”, pero rechazó que la plataforma esté diseñada para generar adicción.
La acusación: diseño persuasivo y daño psicológico
Los demandantes sostienen lo contrario: que la arquitectura de las plataformas responde a principios de “diseño persuasivo”, optimizados para aumentar el tiempo de pantalla y la interacción constante, especialmente en usuarios jóvenes. Los abogados compararon el funcionamiento de los algoritmos con un estímulo químico, capaz de reforzar conductas compulsivas y afectar la salud mental.
El caso incluye testimonios sobre uso extremo —hasta 16 horas diarias—, ataques de pánico al retirar el teléfono y alteraciones cognitivas asociadas a la dependencia digital. Para los expertos en adicciones tecnológicas citados en el proceso, el problema no es solo el contenido, sino la lógica de diseño de las plataformas.
Un juicio clave para el futuro de la regulación digital
Aunque Zuckerberg no enfrenta responsabilidad penal personal, el proceso podría traducirse en multas millonarias y, sobre todo, en nuevas regulaciones sobre verificación de edad, algoritmos y protección de menores.
El juicio se perfila como un precedente global: definirá hasta qué punto las empresas tecnológicas son responsables del impacto psicológico de sus productos y si el diseño de sus sistemas puede considerarse legalmente adictivo.
