Calles desiertas, Congreso blindado: la Argentina que debate su futuro laboral
Buenos Aires ofrecía este jueves una imagen inusual: avenidas amplias casi vacías, estaciones cerradas y paneles de aeropuertos teñidos de rojo por vuelos cancelados.
La huelga general convocada por la CGT marcó un punto de inflexión en la discusión sobre la reforma laboral promovida por el presidente Javier Milei.
El proyecto, que ya cuenta con media sanción del Senado, propone transformaciones profundas en el régimen laboral argentino. El Ejecutivo argumenta que se trata de una actualización necesaria para dinamizar la economía y atraer capitales. Los sindicatos sostienen que implica un retroceso en derechos adquiridos.
Mientras la Cámara de Diputados debate en una sesión tensa encabezada por Martín Menem, la presión en la calle crece.
Más de 400 vuelos suspendidos, transporte urbano prácticamente paralizado y servicios públicos operando a medias evidencian el alcance de la medida. Comercios abiertos enfrentaron baja circulación y ventas escasas.
El gobierno endureció su postura y reforzó la seguridad en torno al Congreso. La ministra Alejandra Monteoliva fue enfática: cualquier alteración del orden tendrá consecuencias.
En paralelo, la economía atraviesa un momento complejo, con cierres industriales recientes que alimentan el malestar social. El caso de la histórica fábrica de neumáticos Fate, que anunció el cierre de su planta tras más de ocho décadas, se convirtió en símbolo de esa tensión.
El resultado del debate en Diputados no será definitivo: la modificación de un artículo obligaría a un nuevo tratamiento en el Senado.
La jornada deja una escena clara:
Argentina no solo discute una reforma laboral. Está redefiniendo el equilibrio entre competitividad económica y protección social.
Y el desenlace aún está abierto.
